Del Oso, el Oscar y el Emprendimiento.

Sin lugar a dudas el país ha recibido con alegría en merecido triunfo de PunkRobot liderado por Gabriel Osorio y Pato Escala en la última versión del Oscar. Yo por lo menos me emocioné, como cuando vi el corto hace un tiempo, pero más con las palabras de los ganadores.

Pero nuestra alegría duraría poco, en instantes aparecieron en redes sociales sesudos llamados a no “subirse al carro”, pues el merito era sólo de ellos y no del “nosotros”, incluyendo en eso no solo a cualquier autoridad pública si no que a cualquier ciudadano que tuviese la osadía de “apropiarse” del triunfo.

En este punto tengo que hacer dos disgregaciones antes de entrar de lleno en mis “temas”:

  1. La primera es que siempre me ha parecido extraña la dificultad que tenemos como chilenos de usar el “nosotros”, prefiriendo expresiones como “este país” para cuando se refieren a Chile, para así luego poder destrozar a mansalva la “realidad”, sea que está se exprese en el “modelo”, la política, la cultura o todo lo que huela a construcción colectiva; poniendo así una distancia sideral entre la miseria nacional y sus tan notables y pensantes personas, para darle un áurea de objetividad al resentimiento. Parafraseando al escritor Marcelo Rioseco, esto es como una “crítica Donald Trump” en el ámbito de la literatura nacional, basada en el insulto llevado a tal extremo que es imposible la respuesta, pues el insulto no necesita probarse. Esto, como ya dije, está más cercano al resentimiento, más cargado de ideología y agenda política que otra cosa; y tal como cierta crítica literaria, siempre siguiendo a Rioseco, siente un desprecio por los lectores, por todos los que no entendemos nuestra desventurada realidad[1].
  2. La segunda es que también me parece extraño que muchas de estas expresiones vengan de gente que desaprueba el individualismo y en algunos casos, también la competencia. Uno entendería que aquellos que creen que solo la iniciativa privada independiente de la sociedad en que esta inserta (con cultura, e instituciones propias) son las que producen obras relevantes en los distintos ámbitos del desarrollo humano, en especial el productivo, serían los primeros (y tal vez únicos) en defender este triunfo como un reconocimiento a las potencialidades de la individualidad. Pero no, a pretexto de criticar a “este país” y sus políticas e institucionalidad cultural, y a todo lo que pueda rebotar, ensalzamos el triunfo como el justiciero solitario del lejano oeste, hecho a sí mismo, siempre solo y siempre para el mismo.

El Oscar, claro está, es de ellos, los realizadores. Pero mi punto es que es también de nosotros, los chilenos.

Existe bastante evidencia que la innovación y el emprendimiento, necesitan de sistemas o ecosistemas (dependiendo de la mirada “doctrinaria”) que los potencien. Esto no quiere decir que no haya innovación y emprendimiento en sistemas o ecosistemas deficientes, es que su impacto es menor, o incluso mínimo.

Así lo señaló el propio guionista de la obra, Daniel Castro, “la idea es de a poco ir desarrollando un medio ambiente, que permita la producción en Chile y que permita generar producciones de la misma calidad del corto, para tener ahí una industria cada vez más pujante, porque hay gente que tiene las capacidades”[2]

Para que exista eso, sistemas de innovación y emprendimiento, se requieren políticas públicas (en esto también la evidencia empírica es extremadamente contundente) y, o sorpresa para algunos, en Chile las hay y son bastante buenas. Baste decir que el proyecto recibió apoyo de fondos de cultura y de Corfo en distintas etapas.

Claro, nadie puede decir que “hemos hecho la pega” como señala un crítico social de moda[3], pero la verdad es que en estos temas, y sin ninguna autocomplacencia, nadie ha hecho la pega pues en todas partes existen vacios, falencia, pero principalmente desafíos que no han sido abordados completamente. Ellos pusieron buena parte del dinero (como en cualquier parte del mundo) y además pusieron, esfuerzo, talento y perseverancia; y sin eso no hay política pública que funcione.

Punto a parte son las industrias creativas que requieren de apoyo público de nuevo cuño, esto es, políticas que “conversen” aunque vengan de distintas áreas del estado y respondan a diferentes miradas de intervención pública (odio esta expresión “lógicas distintas”). Es decir, que políticas de apoyo a la cultura dialoguen y se coordinen con las de apoyo al emprendimiento y la innovación. Otra sorpresa entonces, en “este país” existen varias iniciativas, como los Programas Estratégicos Regionales vinculados a industrias creativas, donde los actores públicos, y tamicen los privados, dialogan, acuerdan y cooperan.

Más aún, casi todos los desarrollos de industrias creativas en el mundo, desde la perspectiva del apoyo público, se realizan a través de iniciativas de cluster, para promover la competitividad de las cadenas productivas y actores involucrados, que se desarrollan en un espacio geográfico determinado. Para que quede claro, los cluster existen en la realidad, como por ejemplo en el cine, en que alrededor del 90% de la producción mundial se realiza en tres lugares, Hollywood, Hong Kong y Mumbay (Bollywood), en cambio las iniciativas de clúster son esfuerzos, generalmente de carácter público privado, para potenciar su competitividad. Es decir, un cluster de primera línea global, Hollywood, premio a un emprendimiento chileno, PunkRobot, por sobre uno de sus más conspicuos y poderosos miembros, Pixar, en la que han estado involucrados George Lucas, Steve Jobs y que pertenece a Disney.

Ultima sorpresa, los mismos programas estratégicos regionales, así como el Consejo del Arte y la Industria Audiovisual, son políticas públicas que van en la misma línea, fomento de la competitividad a través de iniciativas de cluster, aunque muchos no quieran llamarle así.

En Chile hay talento y claramente se requieren más oportunidades. El esfuerzo individual es necesario, pero no es suficiente. El emprendimiento y la innovación, especialmente en temas de industrias creativas, es un gran desafío para Chile, pero no partimos de cero, por mucho que tengamos mucho que hacer y aprender por delante.

Así como con la Roja, la Copa América 2015 fue precedida de un montón de esfuerzo de clubes en la formación, del estado en la construcción de infraestructura y de un montón de historia escrita por Livingston, Don Elías Figueroa, el gran Leonel, Caszely, y claro, Iván y el Matador Salas. El triunfo es del equipo, pero todos salimos a celebrar.

Por lo mismo, yo celebro, valoro y comparto este triunfo como un “hincha” más, y me quedo con las palabras de los realizadores “Quiero dedicarlo a todos los que nos han apoyado desde Chile… (sic)” de Osorio, y sobre todo las del penquista Escala “Un gran abrazo para todos y ¡Viva Chile!”

 

[1] http://e-pistolas.org/debate/donald-trump-y-la-critica-literaria-chilena/

[2] http://www.theclinic.cl/2016/03/01/guionista-de-historia-de-un-oso-cuenta-como-fue-carretear-con-artistas-como-justin-timberlake-y-lady-gaga/

[3] http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/02/29/mayol-por-historia-de-un-oso-los-mismo-exiliados-miran-en-menos-lo-vivido-y-hablan-de-beca-pinochet/

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Innovación en PYMES y el modelo lineal de las universidades.

Escribo este post luego de haber estado las últimas semanas trabajando con PYMEs de Valdivia y Puerto Varas temas de innovación y gestión de la innovación, y en esté preciso instante, escucho una ponencia sobre proyectos de innovación en el marco de un diplomado en el tema de una prestigiosa universidad penquista.

La primera observación es que son mundos muy diferentes, pues sorpresivamente, emprendedores sin contar educación superior entienden el fenómeno mucho más que un tipo con un doctorado.

Las universidades confunden sistemáticamente la investigación con la innovación, los emprendedores saben que la innovación se hace todos los días. Las universidades creen que solo la tecnología importa, los emprendedores saben que eso es solo una parte. En suma, las universidades persisten en el modelo lineal y los emprendedores saben que la innovación es un “proceso difuso” y que tan importante como la tecnología, es por ejemplo el modelo de negocio. Es más un producto realmente innovador muy probablemente requerirá modelos de negocio innovadores.

Si la innovación fuese un proceso lineal, las universidades serían fabricantes de empresas gigantes y exitosas. Lo que no les gusta a las universidades es que en la realidad ellas no hacen innovación, solo y algunas veces, la facilitan. Si no salió al mercado, no es innovación, los papers (la publicación científica) no lo es tampoco.

No es que tengamos que dedicarnos a quitarle los pocos recursos para investigación que existen en el país, es que lo que importa es que las empresas, en especial las PYMEs, generen musculatura para la innovación.

Lo que importa es la vinculación y que las universidades promuevan el emprendimiento y la innovación dentro de y en su entorno. Mientras las empresas generen propuestas de valor potentes y consistentes.

Esto es importante tanto para los actores como para la política pública, pues la perspectiva lineal promueve indirectamente la generación de proyectos aislados que tienen poco impacto en el entorno. En este sentido, lo interesante de la innovación es que al no ser un proceso lineal, los resultados directos importan tanto como los indirectos.

Esta reflexión está en el marco de otra en la que estoy hace un tiempo, las PYMEs necesitan herramientas de gestión de la innovación propias que den cuenta de sus capacidades y dolores, pero de eso hablaremos pronto.

Propuesta de Valor

Discutiendo sobre propuestas de valor de los partipantes
Los Ángeles la lleva

CNIC y la “Bajada Regional”

Cuando trabajaba en la Agencia Regional de Desarrollo usábamos un término para referirnos a un tipo de centralista que rayaba en el fanatismo, eran los “conversos”. Unos tipos que después de alguna discusión o crítica decían cosas como “Chile es uno sólo”, “no podemos bajarle el nivel”, para terminar con un contundente “yo también nací en regiones”, o peor aún “nací en provincia”. Era (o es) un tipo que había sufrido en carne propia el “Síndrome Carmela[1]”, había llegado discriminado e ignorante a “vivir a la ciudad” para transformarse en uno más del aparato del poder. Claro, como ya no se pierde en el metro o ni tampoco mira los edificios (se cortó las trenzas), entiende todo mucho mejor que uno que no se fue de “San Rosendo”.

Hace unos días, el actual presidente del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad remitió una carta a los diferentes Intendentes Regionales, anunciándoles que se está trabajando en un proyecto de ley para, una vez aprobado, darle una institucionalidad más sólida al Consejo.

En la nueva estructura planteada se incorpora un Consejo Regional de Innovación, el cual podría ser (no tenemos la certeza) la misma instancia estratégica que hoy tienen las regiones, que poseen sus propias Estrategias Regionales de Innovación, aunque con diversos nombres, como Consejo, Directorio, Foro, en ese “loco afán” de las regiones de tener identidad  propia[2]. Estamos hablando de las siete que ya la aprobaron y la están implementando, más las cuatro que están en proceso de diseño. Esto es una buena noticia por partida doble, se fortalece la institucionalidad para la Innovación y se reconocen por ley instancias de participación regionales. Aplauso, cerrado y de píe.

Dicho esto, también existe la preocupación (o por lo menos yo la tengo) que los Consejos Regionales de Innovación se transformen en lo mismo que ha sido el Consejo Nacional hasta hoy, es decir, un consejo asesor del Presidente de la República “en la identificación, formulación y ejecución de políticas y acciones que fortalezcan la innovación y la competitividad en Chile”[3], por lo que su composición, coherentemente, esta referida a un grupo de personalidades y no la representatividad que ellas tengan de los actores del sistema, en este caso nacional.

Para algunos esto sería un paso adelante, pero no es tan así. Las Estrategias Regionales de Innovación se implementan (o a lo menos se diseñaron para ser implementadas así) con una Gobernanza, esto es, “una forma sofisticada de gestión de los procesos compartidos, a través del esfuerzo de todos los actores, hacia un resultado futuro compartido”[4]. Dicho en simple, la participación de todos los actores en la gestión de la estrategia.

En este sentido, la participación puede tener cuatro niveles, según el grado de involucramiento de los actores[5]: informativo (te cuento), consultivo (te pregunto), resolutivo (decidimos juntos) y la cogestión (hacemos juntos). Entonces, pasamos de un esquema de cogestión a uno consultivo, es decir, si hablamos de Gobernanza hablamos de cogestión, si hablamos de asesorar, es consultivo.

Si se considera que uno de los pilares de la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento es la alianza publico privada; y que, además, uno de los ejes del Programa de Gobierno es la participación ciudadana, el carácter de asesor es menos participación de la que había antes, hay menos involucramiento de los actores y por lo mismo, habrá menos compromiso. En términos futbolísticos, queríamos ser campeones, pero ahora nos conformamos con no descender.

Un real aporte de CNIC sería generar un ámbito coherente para la gobernanza multinivel, que generara espacios de negociación entre el poder central y las regiones, y que por lo mismo, permitiera fortalecer las capacidades regionales, tal como se lo sugirió en su momento la OECD[6].

Esperemos que la gente del CNIC este más en línea con el objetivo de “Vamos a potenciar las oportunidades económicas de las regiones de Chile y lo haremos con: más descentralización (…)”[7], que con la idea de generar una “bajada regional” para sus propias políticas.

 

 

 

[1] Aquí se hace referencia a la obra musical “La pérgola de las flores” de Isidora Aguirre y Francisco Flores del Campo. En el drama, situado en el Santiago de 1929, el enfrentamiento entre la elite y el pueblo se resuelve por la intercesión de una muchacha venida de San Rosendo, un pequeño pueblo cerca de Concepción.

[2] No todas estas instancias son exactamente iguales, pero tiene un carácter estratégico común.

[3] http://www.cnic.cl/index.php/origen-del-cnic.html

[4] Reek, W. (2013). Governance Guide S3 Plataform (p. 29). Sevilla, Spain.

[5] Sanhueza, A. (2004). Participación ciudadana en la gestión pública (pp. 1–8). Santiago, Chile.

[6] Arnold, E., Hutschenreiter, G., & Guinet, J. (2009). Chile’s National Innovation Council for Competitiveness Interim Assessment and Outlook (p. 151). Paris, France.

[7] Programa de Gobierno Michelle Bachelet 2014-2018

La innovación y la Roja

Algunos de mis alumnos me han criticado el uso de ejemplos extraídos del fútbol, pero como me gusta y siento que la mayoría entiende algo de ello, sigo cada cierto tiempo usándolo como fuente de analogías para el liderazgo, trabajo en equipo, recilencia, perseverancia, gestión del talento, etc.

Por eso es que ayer después del partido de Chile Alemania y sobre todo después de leer los comentarios en las redes sociales tuve tres reflexiones

  • Nunca he creído en los triunfos morales, ayer perdimos, pero Chile jugó mejor que Alemania. La maldita frase “jugamos como nunca, perdimos como siempre” (de lo más chaquetero que hay) no refleja el hecho que hace tiempo que la Roja es un equipo que juega bien, a veces le gana a Inglaterra y otras pierde de visita con Alemania, pero funciona en todos los aspectos del juego.
  • Dicen que este equipo permite soñar (yo siempre sueño) si no puedes soñar en el fútbol y te llamas “realista”, que es una forma de darle glamour al sentido trágico de la vida; si no puedes soñar en esto que es un juego,  es que no puedes soñar en ningún aspecto realmente importante.
  • Para ganar cosas, hay que jugar constantemente mejor que el resto. Si pierdes una vez, no importa, es la perseverancia la que esta en juego. La mala suerte existe solo a ratos, de tanto darle al cántaro, se va a romper igual, para eso se necesita convicción. Si crees que porque perdiste una vez debes abandonar el juego, dedícate a una cosa en que no corras ningún riesgo.

¿Ven que el fútbol sirve de metáfora?

Una “i”, pequeñita y colgando, al final

En Innovación 2.0, Jay Rao y Fran Chúan sostienen que esto de “I+D+i” es una “ecuación perversa” usada en España y Chile. Perversa porque juntan cosas que no tienen por qué ir juntas. Existen varios estudios que muestran que no hay una relación directa entre Investigación científica (que se producen en el laboratorio), desarrollo experimental (una actividad industrial) con la innovación (que se produce en el mercado). Incluso en las definiciones que manejan CORFO y CONICYT, que decir de OECD o UNESCO, nadie se atreve a usar la famosa ecuación. Pero, por lo menos a mí, se me aparece cada cierto tiempo, como una especie de condena, como un recordatorio de otras épocas.

Personalmente, desde que me metí en estos temas, la expresión “I+D+i” me pareció un tanto sospechosa e instintivamente pensaba que había algo como “Gato + Liebre” (en vez de gato por liebre). Más entrado en este viaje que es la innovación, aprendí que la dichosa ecuación era la más viva y clara expresión del modelo lineal de innovación.

Esto  a mi juicio genera tres problemas fundamentales:

  1. Se usa muchas veces por algunos “stake holders” de los sistemas regionales/nacionales de innovación, especialmente del mundo académico, para justificar sus financiamiento para la investigación. dos “joyitas” de ejemplo; “el concepto de innovación nació (o se popularizó, dependiendo del autor al que se recurra) precisamente para fortalecer la relevancia de la ciencia como motor del desarrollo” y “¿qué explica este frenesí criollo por despojar a la innovación de la relevancia fundamental de la investigación científica?”. Ambas de una columna de un destacado científico nacional llamada “la innovación que nos robaron”[1]. Pero esto no es nuevo, no por nada se culpa del modelo lineal a la Office of Scientific Research and Development de post guerra
  2. Muchas veces el estado financia la investigación y no lo innovación, incluso cuando dice expresamente que está haciendo lo contrario. por ejemplo, cuando un instrumento de apoyo público dice expresamente que se apoyan actividades que buscan reducir sólo el “riesgo tecnológico” y no el “riesgo de mercado”. Independiente que el problema de la innovación es la incertidumbre y no el riesgo (estoy con un post a medio escribir sobre eso), al estado le parece que pasarle dinero a las universidades es mejor que a las empresas. Miren por ejemplo, esto ” MINEDUC DESTINÓ $ 19 MIL MILLONES PARA QUE CASAS DE ESTUDIOS DESTAQUEN A NIVEL INTERNACIONAL: Gracias al Convenio de Desempeño para la Innovación, los planteles desarrollan programas de alto impacto para cambiar sus procesos.”[2] En especial obsérvese esta joyita; “plataforma de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), la Pontificia Universidad Católica de Chile fortalecerá la innovación basada en ciencia al interior de sus recintos” (SIC)[3] ()
  3. Por último, aunque la relación no es tan  directa, también siento que es una de las razones para que nos guste tanto la “innovación tecnológica”. Aquí no tengo una cita tan clara aunque también estoy preparando algo al respecto, pero recuerdo el comentario de un académico universitario de la Región del Biobío que nos dijo durante la construcción de la estrategia de innovación que a ellos (su institución) solo le interesaba la innovación tecnológica porque era la única disruptiva (sí, nosotros también quedamos sorprendidos).

Toda esta reflexión es porque desde hace un tiempo, cuando algún personaje hace referencia al famoso “I+D+i”, incluso no falta el que le agrega una “e” de emprendimiento (claro), estoy seguro de que no tiene ni la menor idea de lo que está hablando o incluso está tratando de vender a alguien algo vistiéndolo de innovación. Es decir, es ignorante o mal intencionado, o ambos, que no es lo mismo pero es igual.


[3] Yo tampoco sabia que en el MINEDUC tenían expertos en transferencia tecnológica que evaluaran la pertinencia de entregarle 5 millones de dólares a una institución

CNIC: CONVERSACIÓN ENTRE NOTABLES

El documento publicado por CNIC hace algunos días (ORIENTACIONES ESTRATÉGICAS PARA LA INNOVACIÓN SURFEANDO HACIA EL FUTURO. CHILE EN EL HORIZONTE 2025) es sin duda un texto extraño, tiene a ratos el tono, discurso y conceptualización propio del presidente del Consejo y a ratos, se escapan “otras voces” Pero ese no es el tema, el tono, es el contenido el que importa, más aún en el año de la innovación y lo primero que debo decir, es que se me hace bien difícil comentarlo, pues hay en él harto tema bien heterogéneo.

En primer lugar sorprende esa distinción tan tajante entre estrategia y orientaciones estratégicas. Si son estratégicas es que pertenecen a la estrategia, piensa uno ingenuo, pero luego se entiende que sólo es una disquisición para enfatizar el hecho de la realidad es cambiante y difícil de predecir; y que por lo mismo la planificación lineal que nació en la revolución industrial ya no podemos aplicarla. Claro, hay hartas formas más de hacer o tener una mirada estratégica o una visión de futuro. Es tanto así, que afirmar que seremos 9.000 millones el 2050 implica un cierto grado de certeza que no acompaña la afirmación tan radical de no poder hacer estrategias.

Sería largo entrar en cada una de las nociones que integran la primera parte de las Orientaciones, pero a mi juicio, se hace imprescindible comentar algunas.

La propuesta de mirar diferentes horizontes temporales para entender la innovación, es decir: un Horizonte 1, cotidiano con productos maduros y conocidos; Horizonte 2, nuevas ofertas; Horizonte 3, pensar en nuevos productos; Horizonte 4, búsqueda de aplicaciones; Horizonte 5, ciencia base; y Horizonte 6, Fulgor (Resplandor y brillantez, según la RAE); parece interesante, pero una pequeña reflexión nos trae el recuerdo del muy lineal proceso Ciencia básica – Ciencia Aplicada – Investigación y Desarrollo – Prototipado – Mercado, pero con el agregado del “Fulgor”. Claro, también se enfatiza que estos horizontes “conviven día a día” entrecruzándose y fertilizándose mutuamente, pero todos los ejemplos propuestos contradicen tal afirmación. Ya Schumpeter decía que se trataba de un fenómeno difuso. Es más, si el fulgor sucediera en cualquier parte del “proceso” seria una propuesta harto más novedosa e interesante y harto más útil y cercana a la realidad.

Desde luego, considerar el “fenómeno” de la innovación como una “emergencia histórica” parece interesante, es decir, en una acumulación histórica de horizontes y practicas, en tres dimensiones, emprendimiento, tecnología y cultura, es digna de aplauso. Si eso se le agrega que existirían 5 factores fundamentales, todos ellos “capitales”, es decir, capaces de ser acumulados: financiero, conocimiento humano, social y emprendimiento. Ahora sí, aplauso de pie. Eso sí, nada nuevo bajo el sol, aunque la jungla semántica pueda hacernos creer lo contrario. “El adjetivo cuando no da vida, mata” (V. Huidobro).

Otra cosa interesante es el “surfear” como metáfora, no hay certidumbre, no hay posibilidad de “inventarse” una ola, tampoco es posible la indiferencia. No obstante, es difícil que un surfista piense en cómo serán las olas en el 2050. Por eso, lo más relevante de la metáfora, es que el buen surfista está preparándose siempre, aprende. Eso es mucho más importante.

Un punto es que de esas cosas importantes nos habla el CNIC en la segunda parte del documento, energía, biología y educación. Es decir, no es estrategia pero se proponen una especie de “reflexiones estrategias”, ofrecidas como narrativas de anticipación (sic), mirando hasta el 2050, como todo buen “surfer” que piensa en olas que vendrán en 25 años más. Considero que cada uno de ellos tiene meritos diferentes y no estimo que tengan más importancia para este comentario. Quienes están, por ejemplo, en “conversaciones” sobre educación, podrán tener una opinión un tanto más acabada, yo por mi parte siento que son mas vinculados a la anticipación tecnología que a la innovación.

Hay hartas cosas más, pero ahora me quiero centrar en lo faltante, tratando de no mirar el vaso medio vacío y con el convencimiento que el resto no “abren mundos”. Claramente es imposible para mí no ver que esto no “conversa” con las regiones, aunque en el acta de la última sesión del consejo antes de la entrega del documento final, en la cual el presidente de dicho organismo le cuenta a los consejeros cómo será el documento, se haya señalado que las orientaciones “nacen de los temas que han sido parte del análisis del consejo”, como “educación, energía, ingeniería, política industrial, sistemas y telecomunicaciones, población y envejecimiento, desarrollo regional, laboratorios naturales, diseño, entre otros posibles”. Pero no ha mucho andar el documento nos muestra esta joyita: “En Chile, (…) estamos especialmente preocupados hoy por la educación, por el desarrollo de las regiones o por la disponibilidad de energía o agua, pero somos parcial o totalmente ciegos a los cambios que pueden significar para el mundo –y para nosotros (…) – avalanchas como las de la educación superior vía internet, la biología sintética o la medicina personalizada”. La dura, nos preocupamos de puras tonteras y no de lo importante. Claro, en el mismo documento existen algunas afirmaciones que confunden, para muestra dos botones:

  • “Todo ello, en definitiva, nos muestra la relevancia de la riqueza de mundos que pueden tener los lugares (ciudades) o las sociedades específicas como espacios más o menos propicios para la innovación en los que la diversidad de prácticas permita el intercambio y la ‘polinización cruzada’”. (p 40)
  • “Constituye una gran tarea pendiente, por tanto, el cultivo de nuestra responsabilidad histórica como nación. Y en ese sentido, surge como una nueva inspiración de las políticas públicas la de enriquecer nuestros mundos y ampliar los horizontes de posibilidades del país, de nuestras empresas, de nuestras regiones y de nuestros trabajadores”. (p 64)

Es decir, tal como sugiere la OECD, y tantos otros, (o como el mismo documento sugiere cuando habla de Silycon Valley), las regiones si importan en materia de innovación, pues es en ellos en que se constituye el fenómeno de la interdependencia entre actores del sistema (u organismo, o flores de un jardín, si usted quiere), que supuesto básico de, por ejemplo, las estrategias regionales de innovación. Más aún, el mismísimo Consejo nos interpela a la responsabilidad histórica con las regiones. Raya para la suma, el diablo regionalista “le metió mano a su documento presidente”, y lo digo con respeto, considerando que en el acta a la que aludo lo que se explica no es lo mismo que sale, es claro que fueron pocos los escogidos en este periplo.

Entonces, si la innovación es un fenómeno social e histórico, porque el documento no da cuenta de otras visiones, pasadas y presentes en el mismo marco del consejo y en el resto de la sociedad chilena. Tal vez porque la construcción de estas orientaciones se hizo de la misma forma como se planificaba antes, no con metas y plazos, si no desde arriba hacia abajo. Desde el comando central o desde el pulpito, da lo mismo. Porque eso también es un fenómeno cultural, tal como el centralismo, una conversación sobre Chile donde solo participan los notables.

Mi humilde opinión es que el desafío para el CNIC tenia más que ver con las dimensiones (emprendimiento, tecnología y cultura) y los factores (los “capitales”) y como hacemos para que ellos estén más disponibles, cercanos si se quiere, para los chilenos, incluso a esa mayoría que no vive en Santiago. Yo entiendo que esa es su pega. Es interesante hablar de la fenomenología de la innovación (hacerse cargo de otras miradas no hubiera estado demás) o los estados de animo para la innovación, pero como dicen los chilenos “¿Y?”.

Para “orientaciones estratégicas para la innovación” me hubiese gustado ver más cosas como “si queremos participar en la invención del futuro debemos ser capaces de desarrollar una nueva manera de mirar el mundo y de movernos en él, una nueva forma de pensar el presente con otros horizontes y de enfrentar la vida con un talante distinto al que hemos tenido hasta ahora” Pero la verdad es que el documento, en su conjunto y en términos de política publica, es poco útil, y harto disperso y discursivo (tal vez como libro o artículo hubiese sido mejor). Por lo mismo, solo recomiendo el capitulo 5 “INSINUACIONES PARA UN CAMBIO CULTURAL”, (aceptar el reto de la aventura; pasar de la solución de problemas a hacerse cargo de preocupaciones; unirse a las conversaciones que crean futuro; cultivar la confianza y el compromiso; y la esperanza radical como un nuevo estado de ánimo a cultivar) porque es donde hay un real aporte con ciertas orientaciones, y en donde se puede leer la más grande afirmación que trae el documento, “en materia de innovación, que el desafío para Chile es cultural” aunque el mismo Consejo, o su presidente, no hayan comenzado por casa.

Un innovador solitario y sin tiempo suficiente

En otra ocasión me referí a mi participación en el diseño de la Estrategia Regional de Innovación, ERI Biobío[1], en particular a los desafíos de gobernanza que implicaba dicha iniciativa. Del mismo modo que con la gobernanza, estuve también involucrado en el diagnostico en el que se basa dicha estrategia, particularmente de la demanda por servicios de innovación que tienen las PYMES regionales [2].

En la metodología RIS [3], es decir, la metodología que desarrolló la Unión Europea y que fue la  adoptada en Chile (sobre la cual pretendo comentar en alguna columna próxima); el Diagnóstico se constituye como la primera fase, y se centra en tratar de comprender el Sistema Regional de Innovación en su conjunto a través de sus principales componentes: las características de la demanda de innovación por parte de las empresas; la oferta tecnológica y de conocimientos por parte de instituciones generadoras de conocimiento presentes en la región (universidades, centros de investigación y tecnológicos, empresas de servicios avanzados, etc.); la articulación de los actores del Sistema, o sea, relaciones entre oferta y demanda; los actores públicos y privados que se dedican a la interconexión entre oferta y demanda; y, obviamente, contexto global a nivel nacional e internacional. En último término, el diagnóstico tiene como objetivo servir de punto de partida para identificar brechas y plantear desafíos que queremos resolver en la Estrategia.

En la etapa de diagnostico, en general, se utilizaron una amplia gama de fuentes de información, tanto primarias [4] como secundarias [5], así como de carácter cualitativo y cuantitativo. Por lo mismo, las conclusiones respecto a dicha demanda tuvieron, en último término y después de un largo proceso, un amplio grado de consenso entre los distintos actores. Esto está refrendado tanto en las distintas instancias de participación, como por ejemplo las mesas sectoriales realizadas con empresas, pero especialmente en la aprobación del diagnostico y de la propia estrategia.

En esta línea, las conclusiones respecto a la demanda de las PYMES de la región, por servicios de apoyo a la innovación pueden resumirse como sigue:

 Cnclusiones RIS Sint CINEC v6a

Cnclusiones RIS Sint CINEC v6b

Fuente: Elaboración propia a partir del Diagnostico ERI Biobío[6]

Una síntesis muy personal.

No obstante lo anterior, y teniendo en cuenta que lo que sigue es una propuesta a titulo personal[7] a partir del propio diagnostico, se pueden sintetizar dichas conclusiones de la siguiente forma:

  1. El gráfico siguiente representa un esquema sintetizador de una parte de las conclusiones relativas a la demanda, es así como; la falta de capacidades y habilidades necesarias para innovar en el personal existente y su resistencia al cambio, sumado a la falta de recursos para contratar y la dificultad para encontrar el capital humano requerido, supone un problema crítico de falta de capital humano en las PYMES. Ello mismo implica un problema de visión estratégica y un déficit de capacidades para gestionar la innovación.

 KHumano RIS Sint CINEC

Fuente: Elaboración propia a partir del Diagnostico ERI Biobío

  1. Por otra parte, en el gráfico de más abajo se diagrama la otra parte de las conclusiones del diagnostico de demanda. Esto es, que la falta de confianza y la carencia de incentivos suficientes determinan una menor propensión a colaborar con otras empresas o con centros de oferta de conocimiento. Lo anterior implica que la innovación se aborda a través de proyectos individuales de bajo impacto regional y que existe incapacidad de lograr los niveles de escalamiento necesarios para que la innovación sea una herramienta de competitividad.

 Colaboracion RIS Sint CINEC

Fuente: Elaboración propia a partir del Diagnostico ERI Biobío

Dos interesantes corolarios pueden ser propuestos: el primero está relacionado con la dificultad de acceso al capital humano necesario que redunda en el hecho de que el empresario innovador no cuenta con un equipo de respaldo ni cuenta con el tiempo suficiente para abordar el desafío de la innovación, lo que a fin de cuentas, implica una insuficiente capacidad de absorción del conocimiento necesario para innovar; por otro lado, y más importante, a éste “innovador solitario y sin tiempo suficiente” le es muy difícil emprender tareas de innovación colaborativa, que junto con la falta de visión estratégica para abordar el desafío de la innovación, actúan como refuerzo de la falta de colaboración.

Los desafíos de la gestión de la innovación

Durante el desarrollo del diagnostico propusimos distinguir entre empresas innovadoras e innovadoras sistemáticas, lo que no logró el consenso suficiente. No obstante, sigue siendo interesante distinguir una empresa que ha realizado actividades de innovación en el último tiempo (en el tenor en que se hacen las estadísticas al respecto) de otra que a transformado la innovación en parte de su cadena de valor, gestionándola, ordenada y sistemáticamente, como lo hace con cualquier otro recurso importante de la empresa, llevando el esfuerzo innovador más allá de la influencia visionaria de los fundadores hacia la construcción de una ventaja competitiva sostenible.

Más allá del contundente set de herramientas con que cuenta la ERI Biobío, que van en apoyo de todos los actores del sistema, siguen siendo las empresas, en especial las PYMES, las que tienen el mayor desafió; y de todos los desafíos para las empresas regionales tal vez uno de los más interesantes sea la sistematización de la innovación.

A este respecto existe el peligro de querer echar mano de un recurso muy caro a la cultura empresarial chilena, el de inventar la rueda una y otra vez. En este sentido, si no se es “creativo” para hacer gestión financiera, tampoco es necesario hacerlo en innovación. Es mejor adaptar alguna metodología probada en la realidad de la empresa que darse el trabajo de “acumular experiencia” mediante ensayo y error, dejemos eso para los “frutos” de la gestión y no para la gestión de la innovación misma.

Algunas de estas metodologías se basan en roles, procedimientos, etc. Lo relevante es que la implantación en la empresa este enfocada a generar una cultura de innovación en la empresa; y ello esta relacionado con seguir un proceso que, por lo menos, cuente con etapas dedicadas: a la Sensibilización (a partir del diagnostico de las potencialidades y oportunidad de la empresa), a generar la Credibilidad (el compromiso de la alta gerencia enguanto al poyo y los recursos), la Sistematización (un proceso definido para pasar de las ideas a la implementación de proyectos, asegurando una cartera de iniciativas consistentes con la estrategia de la empresa); y por último la Consolidación (es decir, revisar en perspectiva lo realizado desde el diagnostico, buscando áreas de mejora y dándole continuidad al esfuerzo innovador en el largo plazo).

En síntesis, la innovación sistemática es uno de los temas que llegaron para quedarse en materia de innovación, por lo que seguiremos conversando de ello en el futuro.


[1] El documento de la estrategia puede descargarse en este link

[2] El diagnostico pude descargarse en el link

[3] Más información en este link.

[4] 60 entrevistas en profundidad a PYMES innovadoras y 50 cuestionarios online a PYMES; Mesas de trabajo con: PYMES; universidades; Centros tecnológicos; Representantes de la interconexión (brókers); Entrevistas a centros de investigación (24 organismos entrevistados); Entrevistas a Instituciones públicas; 4 mesas de trabajo (empresas, interconexión, rectores  y resposnables de centros) 6 Mesas de contrastación (sectores metalmecánico, Pesca, Agroalimentación, sectores emergentes, Forestal e interconexión) con más de 30 PYMES, 12 asociaciones, y 15 representantes de la oferta.

[5] El detalle puede verse en el anexo respectivo en el link.

[6] Es decir, si las va a usar, por lo menos cíteme.

[7] Es una elaboración propia pero basada en algunas interacciones internas del equipo consultor, pero la responsabilidad de los errores son mías. Además he tenido el privilegio de presentarlas en un par de seminarios.

El corazón del ecosistema innovador en Biobío

Según la OECD, existe evidencia empírica que sugiere que la colaboración y las redes regionales son relevantes para la innovación, más aun, las regiones que más contribuyen al crecimiento de los países de la organización son también aquellas que superan a las demás en los indicadores de innovación, en especial, el gasto en I+D de las empresas, el patentamiento y los acuerdos de colaboración para innovar[1].

También se señala, a partir del concepto de Sistema Regional de Innovación, que la innovación es un proceso acumulativo y no lineal, que es el resultado de la interacción, formal e informal, voluntaria e involuntaria, entre diferentes agentes, estado, ciencia y empresas, que operan en el sistema.

Bajo este marco, en muchos países se han desarrollado nuevos enfoques de política pública para potenciar la innovación en las regiones. En el caso particular de Chile, a través de un acuerdo con la Unión Europea, se han desarrollado un programa (www.proyectored.cl) para generar Estrategias Regionales de Innovación, cuya adscripción es voluntaria. Esto utilizando una metodología desarrollada en Europa, en los últimos veinte años, denominada RIS (Regional Innovation Strategy) en diferentes versiones.

Debido a que estuve estrechamente relacionado con el diagnostico y diseño de la Estrategia Regional de Innovación en Biobío (ERI Biobío) y que esta experiencia muy probablemente se repita en otras regiones, es que este tipo de iniciativas se ha transformado en uno de los temas centrales de mi quehacer profesional.

Por lo mismo, en charlas y seminarios posteriores, así como en conversaciones privadas, se me han hecho un montón de interesantes preguntas sobre el particular. En especial, con ese afán tan practico que tenemos en Chile, me han preguntado varias veces cual es el punto más importante de este tipo de iniciativas, en términos del muy prosaico “¿y para que sirve esto?”. Se pueden señalar varias cosas importantes al respecto, como el enfoque en la demanda de las PYMES regionales, la mejora de los instrumentos de financiación existentes, la capacidad de evaluar los esfuerzos públicos y privados, el consenso sobre las brechas y las áreas de acción, la participación de distintos agentes, y un largo etc. No obstante, desde mi personal punto de vista, la mayor contribución de la ERI Biobío es la generación e implementación de una gobernanza explicita.

En palabras sencillas, gobernanza implica un acuerdo (o conjunto de interrelaciones formales e informales) para tomar decisiones vinculantes, comprometiendo a actores públicos y privados (la vieja y querida triple hélice incluida), independientes y al mismo tiempo interdependientes, en un proceso continuo de deliberación e implementación[2]. Un punto por demás importante es que esto es a diferentes niveles territoriales, por lo que dicho proceso continuo de deliberación (negociación) e implementación, también se dan (o deberían darse) en forma vertical, en nuestro caso, entre el estamento central y regional. Otro punto a tener en cuenta, es que tanto las Estrategias Regionales de Innovación, como la propia gobernanza, pueden y deben ser revisadas y adaptadas constantemente (por eso lo del proceso continuo).

En esta línea es necesario precisar que no existen estructuras o modelos generales, es decir, las gobernanzas son particulares para cada región, su diseño tiene que ver con las características de una región determinada (en un país determinado), ya que en el fondo ellas, las regiones, difieren en un sinnúmero variables, incluida la cultura y los valores. No obstante, dos espacios de reflexión se pueden abrir, las tendencias a nivel internacional y los peligros que puedan emerger a partir de nuestra propia realidad.

Tres son los ámbitos de tendencias internacionales que se visualizan hoy por hoy[3], es decir, los desafíos que se tienen:

1)     Hacer de la innovación una política estratégica, a través de establecer agendas y garantizar prioridades

En especial hablamos de entender la innovación como foco central del desarrollo económico y social, más allá de la fragmentación sectorial, e incluyendo a todos los actores.

2)     Transformar dichas agendas en implementación.

Ello implica tener instancias estratégicas para lidiar con la complejidad de los sistemas (estructuras organizativas gubernamentales, desafíos como la globalización, nuevas realidades, etc.) y el cortoplacismo en la ejecución de políticas públicas. Generando, además nuevas estructuras que se hagan cargo de dar cuenta pública (acountability) y la descentralización; pero que además permitan la coordinación y vinculación con diversas áreas de política pública.

3)     Generar aprendizaje en las políticas públicas

Lo que implica, en primer término, considerar también a los actores públicos y privados como parte del sistema (no meros clientes o usuarios), en segundo término, hacerse cargo de la complejidad estructural del estado y de la necesidad de incorporar una visión multidisciplinaria, así como, la capacidad de generar información y evaluación transversales.

En plano de las peligros que se pueden enfrentar, se han propuesto una serie de “asesinos de la innovación[4]” en las empresas y organizaciones, algunos de los cuales, a mi juicio, también pueden considerarse en torno a la innovación en regiones. En esta línea, algunas “asesinos” a tener en cuenta son:

1)     Burocracia:

Perderse en la “selva semántica in limine” decía un profesor de Derecho administrativo. Demasiados formularios, a veces con innecesarios acápites y  sin justificación técnica; demasiados informes, muchas veces realizados por gente no competente en los temas; procesos poco expeditos, llenos de trabas y espacios para la discrecionalidad funcionaria o, pero aún, con demasiadas incertidumbres en cuanto a respuestas y tiempos; son algunas de las formas que reviste este aspecto. Si eso malo, peor es encontrarse con un gran talento para enredarlo todo, enviar miles de oficios sin sentido, hacer miles de observaciones innecesarias, ocultar información relevante (¡y pública!), es decir, no es sólo un problema de diseño, también de las personas que están involucradas. En esta misma línea esta el deseo de replicar instancias que ya existen, o a nivel central (duplicación de esfuerzos verticales) o a nivel local regional, respecto de otras organizaciones publicas o privadas (duplicación horizontal).

2)     Control:

Cuando los ojos están más puestos en el cumplimiento de las actividades que en el de los objetivos, implican la imposibilidad de adecuación de las iniciativas, en el tiempo y dimensión necesarios. Si la innovación requiere de liderazgo desde el estamento público, este está más relacionado con el rol de facilitador y articulador que de actores que de control, en el sentido como lo entiende la teoría clásica de la administración. En este sentido, un control financiero estricto no es incompatible con un proceso expedito para reformular iniciativas cuando es necesario.

3)     Jerarquías:

Aceptémoslo, muchos de los que están o estarán involucrados en el sistema, no entienden bien de que se trata el fenómeno de la innovación, especialmente en términos de su complejidad. El problema no es necesariamente que tengan un espacio privilegiado en la toma de decisiones, pues lo relevante es que todos los implicados participen, el problema es que tengan algún grado de veto de las iniciativas, ya sea explicito (cuando ponen intereses particulares legítimos[5] por sobre los consenso entre los actores) o tácito (no firmar el papel a tiempo, por ejemplo). Ello implica que el mejor control es aquel relacionado con la transparencia y el hecho de dar, sistemática y periódicamente, cuenta publica de lo realizado, y no el que se realiza en la oficina de algún funcionario, por más talentosos y probo que sea. Más aún, considerar que tanto políticos como técnicos deben tener un espacio en la toma de decisiones es un paso en la línea correcta, desarrollando no sólo un tipo de liderazgo, sino varios de diferente índole, tal como el liderazgo político, como el técnico y el operativo.

4)     Datos como barrera

Los datos “duros” nos entregan una muy clara visión de lo que ya fue, pero no de lo que será, por eso es relevante que los sistemas regionales tengan espacio para la reflexión, más allá de la pura evaluación a partir de métrica dada[6]. Disgregarse en la generación de una sobre dimensionada métrica, con una lista larga de indicadores, en vez de concentrarse en los relevantes, envuelve el error de no considerar que aún no existe un grado de consenso aceptable para generar una estadística robusta para este tipo de políticas; así como tampoco se da debida cuenta de la experiencia internacional que tiende a concentrarse en pocas variables estratégicas (elegidas por cada región) y una métrica más especifica (pero tampoco gigante) para cada tipo de actuación, que permita tanto la evaluación ex ante como ex post.

5)     Planear mucho y ejecutar poco.

Hoy por hoy, la innovación apuesta por la rápida salida al mercado, por sobre un proceso acabado de investigación y desarrollo, los prototipos se prueban “en la cancha”. De la misma forma, la política publica debería apostar más por los “pilotos” que permitirían probar nuevas iniciativas sin tener que pasar por un largo proceso de desarrollo e implementación de políticas.


[1] (OECD 2011) REGIONS AND INNOVATION POLICY ©

[2] Schmitter, Philippe (2004), “Neo-functionalism”, in A. Wiener and T. Diez eds: European Integration Theory, Oxford: Oxford University Press, pp. 45-74.

[3] OECE 2005 GOVERNANCE OF INNOVATION SYSTEMS: SYNTHESIS REPORT, OECD Publishing, Paris, 2005.

[5] Si son ilegítimos, como favorecer a los amigos, es una forma de corrupción que no es tolerable.

[6] En este punto, es interesante tener en cuenta, que las mejores preediciones son colectivas y no individuales.

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