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Del Oso, el Oscar y el Emprendimiento.

Sin lugar a dudas el país ha recibido con alegría en merecido triunfo de PunkRobot liderado por Gabriel Osorio y Pato Escala en la última versión del Oscar. Yo por lo menos me emocioné, como cuando vi el corto hace un tiempo, pero más con las palabras de los ganadores.

Pero nuestra alegría duraría poco, en instantes aparecieron en redes sociales sesudos llamados a no “subirse al carro”, pues el merito era sólo de ellos y no del “nosotros”, incluyendo en eso no solo a cualquier autoridad pública si no que a cualquier ciudadano que tuviese la osadía de “apropiarse” del triunfo.

En este punto tengo que hacer dos disgregaciones antes de entrar de lleno en mis “temas”:

  1. La primera es que siempre me ha parecido extraña la dificultad que tenemos como chilenos de usar el “nosotros”, prefiriendo expresiones como “este país” para cuando se refieren a Chile, para así luego poder destrozar a mansalva la “realidad”, sea que está se exprese en el “modelo”, la política, la cultura o todo lo que huela a construcción colectiva; poniendo así una distancia sideral entre la miseria nacional y sus tan notables y pensantes personas, para darle un áurea de objetividad al resentimiento. Parafraseando al escritor Marcelo Rioseco, esto es como una “crítica Donald Trump” en el ámbito de la literatura nacional, basada en el insulto llevado a tal extremo que es imposible la respuesta, pues el insulto no necesita probarse. Esto, como ya dije, está más cercano al resentimiento, más cargado de ideología y agenda política que otra cosa; y tal como cierta crítica literaria, siempre siguiendo a Rioseco, siente un desprecio por los lectores, por todos los que no entendemos nuestra desventurada realidad[1].
  2. La segunda es que también me parece extraño que muchas de estas expresiones vengan de gente que desaprueba el individualismo y en algunos casos, también la competencia. Uno entendería que aquellos que creen que solo la iniciativa privada independiente de la sociedad en que esta inserta (con cultura, e instituciones propias) son las que producen obras relevantes en los distintos ámbitos del desarrollo humano, en especial el productivo, serían los primeros (y tal vez únicos) en defender este triunfo como un reconocimiento a las potencialidades de la individualidad. Pero no, a pretexto de criticar a “este país” y sus políticas e institucionalidad cultural, y a todo lo que pueda rebotar, ensalzamos el triunfo como el justiciero solitario del lejano oeste, hecho a sí mismo, siempre solo y siempre para el mismo.

El Oscar, claro está, es de ellos, los realizadores. Pero mi punto es que es también de nosotros, los chilenos.

Existe bastante evidencia que la innovación y el emprendimiento, necesitan de sistemas o ecosistemas (dependiendo de la mirada “doctrinaria”) que los potencien. Esto no quiere decir que no haya innovación y emprendimiento en sistemas o ecosistemas deficientes, es que su impacto es menor, o incluso mínimo.

Así lo señaló el propio guionista de la obra, Daniel Castro, “la idea es de a poco ir desarrollando un medio ambiente, que permita la producción en Chile y que permita generar producciones de la misma calidad del corto, para tener ahí una industria cada vez más pujante, porque hay gente que tiene las capacidades”[2]

Para que exista eso, sistemas de innovación y emprendimiento, se requieren políticas públicas (en esto también la evidencia empírica es extremadamente contundente) y, o sorpresa para algunos, en Chile las hay y son bastante buenas. Baste decir que el proyecto recibió apoyo de fondos de cultura y de Corfo en distintas etapas.

Claro, nadie puede decir que “hemos hecho la pega” como señala un crítico social de moda[3], pero la verdad es que en estos temas, y sin ninguna autocomplacencia, nadie ha hecho la pega pues en todas partes existen vacios, falencia, pero principalmente desafíos que no han sido abordados completamente. Ellos pusieron buena parte del dinero (como en cualquier parte del mundo) y además pusieron, esfuerzo, talento y perseverancia; y sin eso no hay política pública que funcione.

Punto a parte son las industrias creativas que requieren de apoyo público de nuevo cuño, esto es, políticas que “conversen” aunque vengan de distintas áreas del estado y respondan a diferentes miradas de intervención pública (odio esta expresión “lógicas distintas”). Es decir, que políticas de apoyo a la cultura dialoguen y se coordinen con las de apoyo al emprendimiento y la innovación. Otra sorpresa entonces, en “este país” existen varias iniciativas, como los Programas Estratégicos Regionales vinculados a industrias creativas, donde los actores públicos, y tamicen los privados, dialogan, acuerdan y cooperan.

Más aún, casi todos los desarrollos de industrias creativas en el mundo, desde la perspectiva del apoyo público, se realizan a través de iniciativas de cluster, para promover la competitividad de las cadenas productivas y actores involucrados, que se desarrollan en un espacio geográfico determinado. Para que quede claro, los cluster existen en la realidad, como por ejemplo en el cine, en que alrededor del 90% de la producción mundial se realiza en tres lugares, Hollywood, Hong Kong y Mumbay (Bollywood), en cambio las iniciativas de clúster son esfuerzos, generalmente de carácter público privado, para potenciar su competitividad. Es decir, un cluster de primera línea global, Hollywood, premio a un emprendimiento chileno, PunkRobot, por sobre uno de sus más conspicuos y poderosos miembros, Pixar, en la que han estado involucrados George Lucas, Steve Jobs y que pertenece a Disney.

Ultima sorpresa, los mismos programas estratégicos regionales, así como el Consejo del Arte y la Industria Audiovisual, son políticas públicas que van en la misma línea, fomento de la competitividad a través de iniciativas de cluster, aunque muchos no quieran llamarle así.

En Chile hay talento y claramente se requieren más oportunidades. El esfuerzo individual es necesario, pero no es suficiente. El emprendimiento y la innovación, especialmente en temas de industrias creativas, es un gran desafío para Chile, pero no partimos de cero, por mucho que tengamos mucho que hacer y aprender por delante.

Así como con la Roja, la Copa América 2015 fue precedida de un montón de esfuerzo de clubes en la formación, del estado en la construcción de infraestructura y de un montón de historia escrita por Livingston, Don Elías Figueroa, el gran Leonel, Caszely, y claro, Iván y el Matador Salas. El triunfo es del equipo, pero todos salimos a celebrar.

Por lo mismo, yo celebro, valoro y comparto este triunfo como un “hincha” más, y me quedo con las palabras de los realizadores “Quiero dedicarlo a todos los que nos han apoyado desde Chile… (sic)” de Osorio, y sobre todo las del penquista Escala “Un gran abrazo para todos y ¡Viva Chile!”

 

[1] http://e-pistolas.org/debate/donald-trump-y-la-critica-literaria-chilena/

[2] http://www.theclinic.cl/2016/03/01/guionista-de-historia-de-un-oso-cuenta-como-fue-carretear-con-artistas-como-justin-timberlake-y-lady-gaga/

[3] http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/02/29/mayol-por-historia-de-un-oso-los-mismo-exiliados-miran-en-menos-lo-vivido-y-hablan-de-beca-pinochet/

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CNIC y la “Bajada Regional”

Cuando trabajaba en la Agencia Regional de Desarrollo usábamos un término para referirnos a un tipo de centralista que rayaba en el fanatismo, eran los “conversos”. Unos tipos que después de alguna discusión o crítica decían cosas como “Chile es uno sólo”, “no podemos bajarle el nivel”, para terminar con un contundente “yo también nací en regiones”, o peor aún “nací en provincia”. Era (o es) un tipo que había sufrido en carne propia el “Síndrome Carmela[1]”, había llegado discriminado e ignorante a “vivir a la ciudad” para transformarse en uno más del aparato del poder. Claro, como ya no se pierde en el metro o ni tampoco mira los edificios (se cortó las trenzas), entiende todo mucho mejor que uno que no se fue de “San Rosendo”.

Hace unos días, el actual presidente del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad remitió una carta a los diferentes Intendentes Regionales, anunciándoles que se está trabajando en un proyecto de ley para, una vez aprobado, darle una institucionalidad más sólida al Consejo.

En la nueva estructura planteada se incorpora un Consejo Regional de Innovación, el cual podría ser (no tenemos la certeza) la misma instancia estratégica que hoy tienen las regiones, que poseen sus propias Estrategias Regionales de Innovación, aunque con diversos nombres, como Consejo, Directorio, Foro, en ese “loco afán” de las regiones de tener identidad  propia[2]. Estamos hablando de las siete que ya la aprobaron y la están implementando, más las cuatro que están en proceso de diseño. Esto es una buena noticia por partida doble, se fortalece la institucionalidad para la Innovación y se reconocen por ley instancias de participación regionales. Aplauso, cerrado y de píe.

Dicho esto, también existe la preocupación (o por lo menos yo la tengo) que los Consejos Regionales de Innovación se transformen en lo mismo que ha sido el Consejo Nacional hasta hoy, es decir, un consejo asesor del Presidente de la República “en la identificación, formulación y ejecución de políticas y acciones que fortalezcan la innovación y la competitividad en Chile”[3], por lo que su composición, coherentemente, esta referida a un grupo de personalidades y no la representatividad que ellas tengan de los actores del sistema, en este caso nacional.

Para algunos esto sería un paso adelante, pero no es tan así. Las Estrategias Regionales de Innovación se implementan (o a lo menos se diseñaron para ser implementadas así) con una Gobernanza, esto es, “una forma sofisticada de gestión de los procesos compartidos, a través del esfuerzo de todos los actores, hacia un resultado futuro compartido”[4]. Dicho en simple, la participación de todos los actores en la gestión de la estrategia.

En este sentido, la participación puede tener cuatro niveles, según el grado de involucramiento de los actores[5]: informativo (te cuento), consultivo (te pregunto), resolutivo (decidimos juntos) y la cogestión (hacemos juntos). Entonces, pasamos de un esquema de cogestión a uno consultivo, es decir, si hablamos de Gobernanza hablamos de cogestión, si hablamos de asesorar, es consultivo.

Si se considera que uno de los pilares de la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento es la alianza publico privada; y que, además, uno de los ejes del Programa de Gobierno es la participación ciudadana, el carácter de asesor es menos participación de la que había antes, hay menos involucramiento de los actores y por lo mismo, habrá menos compromiso. En términos futbolísticos, queríamos ser campeones, pero ahora nos conformamos con no descender.

Un real aporte de CNIC sería generar un ámbito coherente para la gobernanza multinivel, que generara espacios de negociación entre el poder central y las regiones, y que por lo mismo, permitiera fortalecer las capacidades regionales, tal como se lo sugirió en su momento la OECD[6].

Esperemos que la gente del CNIC este más en línea con el objetivo de “Vamos a potenciar las oportunidades económicas de las regiones de Chile y lo haremos con: más descentralización (…)”[7], que con la idea de generar una “bajada regional” para sus propias políticas.

 

 

 

[1] Aquí se hace referencia a la obra musical “La pérgola de las flores” de Isidora Aguirre y Francisco Flores del Campo. En el drama, situado en el Santiago de 1929, el enfrentamiento entre la elite y el pueblo se resuelve por la intercesión de una muchacha venida de San Rosendo, un pequeño pueblo cerca de Concepción.

[2] No todas estas instancias son exactamente iguales, pero tiene un carácter estratégico común.

[3] http://www.cnic.cl/index.php/origen-del-cnic.html

[4] Reek, W. (2013). Governance Guide S3 Plataform (p. 29). Sevilla, Spain.

[5] Sanhueza, A. (2004). Participación ciudadana en la gestión pública (pp. 1–8). Santiago, Chile.

[6] Arnold, E., Hutschenreiter, G., & Guinet, J. (2009). Chile’s National Innovation Council for Competitiveness Interim Assessment and Outlook (p. 151). Paris, France.

[7] Programa de Gobierno Michelle Bachelet 2014-2018

El corazón del ecosistema innovador en Biobío

Según la OECD, existe evidencia empírica que sugiere que la colaboración y las redes regionales son relevantes para la innovación, más aun, las regiones que más contribuyen al crecimiento de los países de la organización son también aquellas que superan a las demás en los indicadores de innovación, en especial, el gasto en I+D de las empresas, el patentamiento y los acuerdos de colaboración para innovar[1].

También se señala, a partir del concepto de Sistema Regional de Innovación, que la innovación es un proceso acumulativo y no lineal, que es el resultado de la interacción, formal e informal, voluntaria e involuntaria, entre diferentes agentes, estado, ciencia y empresas, que operan en el sistema.

Bajo este marco, en muchos países se han desarrollado nuevos enfoques de política pública para potenciar la innovación en las regiones. En el caso particular de Chile, a través de un acuerdo con la Unión Europea, se han desarrollado un programa (www.proyectored.cl) para generar Estrategias Regionales de Innovación, cuya adscripción es voluntaria. Esto utilizando una metodología desarrollada en Europa, en los últimos veinte años, denominada RIS (Regional Innovation Strategy) en diferentes versiones.

Debido a que estuve estrechamente relacionado con el diagnostico y diseño de la Estrategia Regional de Innovación en Biobío (ERI Biobío) y que esta experiencia muy probablemente se repita en otras regiones, es que este tipo de iniciativas se ha transformado en uno de los temas centrales de mi quehacer profesional.

Por lo mismo, en charlas y seminarios posteriores, así como en conversaciones privadas, se me han hecho un montón de interesantes preguntas sobre el particular. En especial, con ese afán tan practico que tenemos en Chile, me han preguntado varias veces cual es el punto más importante de este tipo de iniciativas, en términos del muy prosaico “¿y para que sirve esto?”. Se pueden señalar varias cosas importantes al respecto, como el enfoque en la demanda de las PYMES regionales, la mejora de los instrumentos de financiación existentes, la capacidad de evaluar los esfuerzos públicos y privados, el consenso sobre las brechas y las áreas de acción, la participación de distintos agentes, y un largo etc. No obstante, desde mi personal punto de vista, la mayor contribución de la ERI Biobío es la generación e implementación de una gobernanza explicita.

En palabras sencillas, gobernanza implica un acuerdo (o conjunto de interrelaciones formales e informales) para tomar decisiones vinculantes, comprometiendo a actores públicos y privados (la vieja y querida triple hélice incluida), independientes y al mismo tiempo interdependientes, en un proceso continuo de deliberación e implementación[2]. Un punto por demás importante es que esto es a diferentes niveles territoriales, por lo que dicho proceso continuo de deliberación (negociación) e implementación, también se dan (o deberían darse) en forma vertical, en nuestro caso, entre el estamento central y regional. Otro punto a tener en cuenta, es que tanto las Estrategias Regionales de Innovación, como la propia gobernanza, pueden y deben ser revisadas y adaptadas constantemente (por eso lo del proceso continuo).

En esta línea es necesario precisar que no existen estructuras o modelos generales, es decir, las gobernanzas son particulares para cada región, su diseño tiene que ver con las características de una región determinada (en un país determinado), ya que en el fondo ellas, las regiones, difieren en un sinnúmero variables, incluida la cultura y los valores. No obstante, dos espacios de reflexión se pueden abrir, las tendencias a nivel internacional y los peligros que puedan emerger a partir de nuestra propia realidad.

Tres son los ámbitos de tendencias internacionales que se visualizan hoy por hoy[3], es decir, los desafíos que se tienen:

1)     Hacer de la innovación una política estratégica, a través de establecer agendas y garantizar prioridades

En especial hablamos de entender la innovación como foco central del desarrollo económico y social, más allá de la fragmentación sectorial, e incluyendo a todos los actores.

2)     Transformar dichas agendas en implementación.

Ello implica tener instancias estratégicas para lidiar con la complejidad de los sistemas (estructuras organizativas gubernamentales, desafíos como la globalización, nuevas realidades, etc.) y el cortoplacismo en la ejecución de políticas públicas. Generando, además nuevas estructuras que se hagan cargo de dar cuenta pública (acountability) y la descentralización; pero que además permitan la coordinación y vinculación con diversas áreas de política pública.

3)     Generar aprendizaje en las políticas públicas

Lo que implica, en primer término, considerar también a los actores públicos y privados como parte del sistema (no meros clientes o usuarios), en segundo término, hacerse cargo de la complejidad estructural del estado y de la necesidad de incorporar una visión multidisciplinaria, así como, la capacidad de generar información y evaluación transversales.

En plano de las peligros que se pueden enfrentar, se han propuesto una serie de “asesinos de la innovación[4]” en las empresas y organizaciones, algunos de los cuales, a mi juicio, también pueden considerarse en torno a la innovación en regiones. En esta línea, algunas “asesinos” a tener en cuenta son:

1)     Burocracia:

Perderse en la “selva semántica in limine” decía un profesor de Derecho administrativo. Demasiados formularios, a veces con innecesarios acápites y  sin justificación técnica; demasiados informes, muchas veces realizados por gente no competente en los temas; procesos poco expeditos, llenos de trabas y espacios para la discrecionalidad funcionaria o, pero aún, con demasiadas incertidumbres en cuanto a respuestas y tiempos; son algunas de las formas que reviste este aspecto. Si eso malo, peor es encontrarse con un gran talento para enredarlo todo, enviar miles de oficios sin sentido, hacer miles de observaciones innecesarias, ocultar información relevante (¡y pública!), es decir, no es sólo un problema de diseño, también de las personas que están involucradas. En esta misma línea esta el deseo de replicar instancias que ya existen, o a nivel central (duplicación de esfuerzos verticales) o a nivel local regional, respecto de otras organizaciones publicas o privadas (duplicación horizontal).

2)     Control:

Cuando los ojos están más puestos en el cumplimiento de las actividades que en el de los objetivos, implican la imposibilidad de adecuación de las iniciativas, en el tiempo y dimensión necesarios. Si la innovación requiere de liderazgo desde el estamento público, este está más relacionado con el rol de facilitador y articulador que de actores que de control, en el sentido como lo entiende la teoría clásica de la administración. En este sentido, un control financiero estricto no es incompatible con un proceso expedito para reformular iniciativas cuando es necesario.

3)     Jerarquías:

Aceptémoslo, muchos de los que están o estarán involucrados en el sistema, no entienden bien de que se trata el fenómeno de la innovación, especialmente en términos de su complejidad. El problema no es necesariamente que tengan un espacio privilegiado en la toma de decisiones, pues lo relevante es que todos los implicados participen, el problema es que tengan algún grado de veto de las iniciativas, ya sea explicito (cuando ponen intereses particulares legítimos[5] por sobre los consenso entre los actores) o tácito (no firmar el papel a tiempo, por ejemplo). Ello implica que el mejor control es aquel relacionado con la transparencia y el hecho de dar, sistemática y periódicamente, cuenta publica de lo realizado, y no el que se realiza en la oficina de algún funcionario, por más talentosos y probo que sea. Más aún, considerar que tanto políticos como técnicos deben tener un espacio en la toma de decisiones es un paso en la línea correcta, desarrollando no sólo un tipo de liderazgo, sino varios de diferente índole, tal como el liderazgo político, como el técnico y el operativo.

4)     Datos como barrera

Los datos “duros” nos entregan una muy clara visión de lo que ya fue, pero no de lo que será, por eso es relevante que los sistemas regionales tengan espacio para la reflexión, más allá de la pura evaluación a partir de métrica dada[6]. Disgregarse en la generación de una sobre dimensionada métrica, con una lista larga de indicadores, en vez de concentrarse en los relevantes, envuelve el error de no considerar que aún no existe un grado de consenso aceptable para generar una estadística robusta para este tipo de políticas; así como tampoco se da debida cuenta de la experiencia internacional que tiende a concentrarse en pocas variables estratégicas (elegidas por cada región) y una métrica más especifica (pero tampoco gigante) para cada tipo de actuación, que permita tanto la evaluación ex ante como ex post.

5)     Planear mucho y ejecutar poco.

Hoy por hoy, la innovación apuesta por la rápida salida al mercado, por sobre un proceso acabado de investigación y desarrollo, los prototipos se prueban “en la cancha”. De la misma forma, la política publica debería apostar más por los “pilotos” que permitirían probar nuevas iniciativas sin tener que pasar por un largo proceso de desarrollo e implementación de políticas.


[1] (OECD 2011) REGIONS AND INNOVATION POLICY ©

[2] Schmitter, Philippe (2004), “Neo-functionalism”, in A. Wiener and T. Diez eds: European Integration Theory, Oxford: Oxford University Press, pp. 45-74.

[3] OECE 2005 GOVERNANCE OF INNOVATION SYSTEMS: SYNTHESIS REPORT, OECD Publishing, Paris, 2005.

[5] Si son ilegítimos, como favorecer a los amigos, es una forma de corrupción que no es tolerable.

[6] En este punto, es interesante tener en cuenta, que las mejores preediciones son colectivas y no individuales.

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