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Una “i”, pequeñita y colgando, al final

En Innovación 2.0, Jay Rao y Fran Chúan sostienen que esto de “I+D+i” es una “ecuación perversa” usada en España y Chile. Perversa porque juntan cosas que no tienen por qué ir juntas. Existen varios estudios que muestran que no hay una relación directa entre Investigación científica (que se producen en el laboratorio), desarrollo experimental (una actividad industrial) con la innovación (que se produce en el mercado). Incluso en las definiciones que manejan CORFO y CONICYT, que decir de OECD o UNESCO, nadie se atreve a usar la famosa ecuación. Pero, por lo menos a mí, se me aparece cada cierto tiempo, como una especie de condena, como un recordatorio de otras épocas.

Personalmente, desde que me metí en estos temas, la expresión “I+D+i” me pareció un tanto sospechosa e instintivamente pensaba que había algo como “Gato + Liebre” (en vez de gato por liebre). Más entrado en este viaje que es la innovación, aprendí que la dichosa ecuación era la más viva y clara expresión del modelo lineal de innovación.

Esto  a mi juicio genera tres problemas fundamentales:

  1. Se usa muchas veces por algunos “stake holders” de los sistemas regionales/nacionales de innovación, especialmente del mundo académico, para justificar sus financiamiento para la investigación. dos “joyitas” de ejemplo; “el concepto de innovación nació (o se popularizó, dependiendo del autor al que se recurra) precisamente para fortalecer la relevancia de la ciencia como motor del desarrollo” y “¿qué explica este frenesí criollo por despojar a la innovación de la relevancia fundamental de la investigación científica?”. Ambas de una columna de un destacado científico nacional llamada “la innovación que nos robaron”[1]. Pero esto no es nuevo, no por nada se culpa del modelo lineal a la Office of Scientific Research and Development de post guerra
  2. Muchas veces el estado financia la investigación y no lo innovación, incluso cuando dice expresamente que está haciendo lo contrario. por ejemplo, cuando un instrumento de apoyo público dice expresamente que se apoyan actividades que buscan reducir sólo el “riesgo tecnológico” y no el “riesgo de mercado”. Independiente que el problema de la innovación es la incertidumbre y no el riesgo (estoy con un post a medio escribir sobre eso), al estado le parece que pasarle dinero a las universidades es mejor que a las empresas. Miren por ejemplo, esto ” MINEDUC DESTINÓ $ 19 MIL MILLONES PARA QUE CASAS DE ESTUDIOS DESTAQUEN A NIVEL INTERNACIONAL: Gracias al Convenio de Desempeño para la Innovación, los planteles desarrollan programas de alto impacto para cambiar sus procesos.”[2] En especial obsérvese esta joyita; “plataforma de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), la Pontificia Universidad Católica de Chile fortalecerá la innovación basada en ciencia al interior de sus recintos” (SIC)[3] ()
  3. Por último, aunque la relación no es tan  directa, también siento que es una de las razones para que nos guste tanto la “innovación tecnológica”. Aquí no tengo una cita tan clara aunque también estoy preparando algo al respecto, pero recuerdo el comentario de un académico universitario de la Región del Biobío que nos dijo durante la construcción de la estrategia de innovación que a ellos (su institución) solo le interesaba la innovación tecnológica porque era la única disruptiva (sí, nosotros también quedamos sorprendidos).

Toda esta reflexión es porque desde hace un tiempo, cuando algún personaje hace referencia al famoso “I+D+i”, incluso no falta el que le agrega una “e” de emprendimiento (claro), estoy seguro de que no tiene ni la menor idea de lo que está hablando o incluso está tratando de vender a alguien algo vistiéndolo de innovación. Es decir, es ignorante o mal intencionado, o ambos, que no es lo mismo pero es igual.


[3] Yo tampoco sabia que en el MINEDUC tenían expertos en transferencia tecnológica que evaluaran la pertinencia de entregarle 5 millones de dólares a una institución

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