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CNIC: CONVERSACIÓN ENTRE NOTABLES

El documento publicado por CNIC hace algunos días (ORIENTACIONES ESTRATÉGICAS PARA LA INNOVACIÓN SURFEANDO HACIA EL FUTURO. CHILE EN EL HORIZONTE 2025) es sin duda un texto extraño, tiene a ratos el tono, discurso y conceptualización propio del presidente del Consejo y a ratos, se escapan “otras voces” Pero ese no es el tema, el tono, es el contenido el que importa, más aún en el año de la innovación y lo primero que debo decir, es que se me hace bien difícil comentarlo, pues hay en él harto tema bien heterogéneo.

En primer lugar sorprende esa distinción tan tajante entre estrategia y orientaciones estratégicas. Si son estratégicas es que pertenecen a la estrategia, piensa uno ingenuo, pero luego se entiende que sólo es una disquisición para enfatizar el hecho de la realidad es cambiante y difícil de predecir; y que por lo mismo la planificación lineal que nació en la revolución industrial ya no podemos aplicarla. Claro, hay hartas formas más de hacer o tener una mirada estratégica o una visión de futuro. Es tanto así, que afirmar que seremos 9.000 millones el 2050 implica un cierto grado de certeza que no acompaña la afirmación tan radical de no poder hacer estrategias.

Sería largo entrar en cada una de las nociones que integran la primera parte de las Orientaciones, pero a mi juicio, se hace imprescindible comentar algunas.

La propuesta de mirar diferentes horizontes temporales para entender la innovación, es decir: un Horizonte 1, cotidiano con productos maduros y conocidos; Horizonte 2, nuevas ofertas; Horizonte 3, pensar en nuevos productos; Horizonte 4, búsqueda de aplicaciones; Horizonte 5, ciencia base; y Horizonte 6, Fulgor (Resplandor y brillantez, según la RAE); parece interesante, pero una pequeña reflexión nos trae el recuerdo del muy lineal proceso Ciencia básica – Ciencia Aplicada – Investigación y Desarrollo – Prototipado – Mercado, pero con el agregado del “Fulgor”. Claro, también se enfatiza que estos horizontes “conviven día a día” entrecruzándose y fertilizándose mutuamente, pero todos los ejemplos propuestos contradicen tal afirmación. Ya Schumpeter decía que se trataba de un fenómeno difuso. Es más, si el fulgor sucediera en cualquier parte del “proceso” seria una propuesta harto más novedosa e interesante y harto más útil y cercana a la realidad.

Desde luego, considerar el “fenómeno” de la innovación como una “emergencia histórica” parece interesante, es decir, en una acumulación histórica de horizontes y practicas, en tres dimensiones, emprendimiento, tecnología y cultura, es digna de aplauso. Si eso se le agrega que existirían 5 factores fundamentales, todos ellos “capitales”, es decir, capaces de ser acumulados: financiero, conocimiento humano, social y emprendimiento. Ahora sí, aplauso de pie. Eso sí, nada nuevo bajo el sol, aunque la jungla semántica pueda hacernos creer lo contrario. “El adjetivo cuando no da vida, mata” (V. Huidobro).

Otra cosa interesante es el “surfear” como metáfora, no hay certidumbre, no hay posibilidad de “inventarse” una ola, tampoco es posible la indiferencia. No obstante, es difícil que un surfista piense en cómo serán las olas en el 2050. Por eso, lo más relevante de la metáfora, es que el buen surfista está preparándose siempre, aprende. Eso es mucho más importante.

Un punto es que de esas cosas importantes nos habla el CNIC en la segunda parte del documento, energía, biología y educación. Es decir, no es estrategia pero se proponen una especie de “reflexiones estrategias”, ofrecidas como narrativas de anticipación (sic), mirando hasta el 2050, como todo buen “surfer” que piensa en olas que vendrán en 25 años más. Considero que cada uno de ellos tiene meritos diferentes y no estimo que tengan más importancia para este comentario. Quienes están, por ejemplo, en “conversaciones” sobre educación, podrán tener una opinión un tanto más acabada, yo por mi parte siento que son mas vinculados a la anticipación tecnología que a la innovación.

Hay hartas cosas más, pero ahora me quiero centrar en lo faltante, tratando de no mirar el vaso medio vacío y con el convencimiento que el resto no “abren mundos”. Claramente es imposible para mí no ver que esto no “conversa” con las regiones, aunque en el acta de la última sesión del consejo antes de la entrega del documento final, en la cual el presidente de dicho organismo le cuenta a los consejeros cómo será el documento, se haya señalado que las orientaciones “nacen de los temas que han sido parte del análisis del consejo”, como “educación, energía, ingeniería, política industrial, sistemas y telecomunicaciones, población y envejecimiento, desarrollo regional, laboratorios naturales, diseño, entre otros posibles”. Pero no ha mucho andar el documento nos muestra esta joyita: “En Chile, (…) estamos especialmente preocupados hoy por la educación, por el desarrollo de las regiones o por la disponibilidad de energía o agua, pero somos parcial o totalmente ciegos a los cambios que pueden significar para el mundo –y para nosotros (…) – avalanchas como las de la educación superior vía internet, la biología sintética o la medicina personalizada”. La dura, nos preocupamos de puras tonteras y no de lo importante. Claro, en el mismo documento existen algunas afirmaciones que confunden, para muestra dos botones:

  • “Todo ello, en definitiva, nos muestra la relevancia de la riqueza de mundos que pueden tener los lugares (ciudades) o las sociedades específicas como espacios más o menos propicios para la innovación en los que la diversidad de prácticas permita el intercambio y la ‘polinización cruzada’”. (p 40)
  • “Constituye una gran tarea pendiente, por tanto, el cultivo de nuestra responsabilidad histórica como nación. Y en ese sentido, surge como una nueva inspiración de las políticas públicas la de enriquecer nuestros mundos y ampliar los horizontes de posibilidades del país, de nuestras empresas, de nuestras regiones y de nuestros trabajadores”. (p 64)

Es decir, tal como sugiere la OECD, y tantos otros, (o como el mismo documento sugiere cuando habla de Silycon Valley), las regiones si importan en materia de innovación, pues es en ellos en que se constituye el fenómeno de la interdependencia entre actores del sistema (u organismo, o flores de un jardín, si usted quiere), que supuesto básico de, por ejemplo, las estrategias regionales de innovación. Más aún, el mismísimo Consejo nos interpela a la responsabilidad histórica con las regiones. Raya para la suma, el diablo regionalista “le metió mano a su documento presidente”, y lo digo con respeto, considerando que en el acta a la que aludo lo que se explica no es lo mismo que sale, es claro que fueron pocos los escogidos en este periplo.

Entonces, si la innovación es un fenómeno social e histórico, porque el documento no da cuenta de otras visiones, pasadas y presentes en el mismo marco del consejo y en el resto de la sociedad chilena. Tal vez porque la construcción de estas orientaciones se hizo de la misma forma como se planificaba antes, no con metas y plazos, si no desde arriba hacia abajo. Desde el comando central o desde el pulpito, da lo mismo. Porque eso también es un fenómeno cultural, tal como el centralismo, una conversación sobre Chile donde solo participan los notables.

Mi humilde opinión es que el desafío para el CNIC tenia más que ver con las dimensiones (emprendimiento, tecnología y cultura) y los factores (los “capitales”) y como hacemos para que ellos estén más disponibles, cercanos si se quiere, para los chilenos, incluso a esa mayoría que no vive en Santiago. Yo entiendo que esa es su pega. Es interesante hablar de la fenomenología de la innovación (hacerse cargo de otras miradas no hubiera estado demás) o los estados de animo para la innovación, pero como dicen los chilenos “¿Y?”.

Para “orientaciones estratégicas para la innovación” me hubiese gustado ver más cosas como “si queremos participar en la invención del futuro debemos ser capaces de desarrollar una nueva manera de mirar el mundo y de movernos en él, una nueva forma de pensar el presente con otros horizontes y de enfrentar la vida con un talante distinto al que hemos tenido hasta ahora” Pero la verdad es que el documento, en su conjunto y en términos de política publica, es poco útil, y harto disperso y discursivo (tal vez como libro o artículo hubiese sido mejor). Por lo mismo, solo recomiendo el capitulo 5 “INSINUACIONES PARA UN CAMBIO CULTURAL”, (aceptar el reto de la aventura; pasar de la solución de problemas a hacerse cargo de preocupaciones; unirse a las conversaciones que crean futuro; cultivar la confianza y el compromiso; y la esperanza radical como un nuevo estado de ánimo a cultivar) porque es donde hay un real aporte con ciertas orientaciones, y en donde se puede leer la más grande afirmación que trae el documento, “en materia de innovación, que el desafío para Chile es cultural” aunque el mismo Consejo, o su presidente, no hayan comenzado por casa.

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